Padre Nuestro

bloch sermononthemountAl concluir la Plegaria eucarística nos adentramos en el denominado Rito de comunión. Después de bendecir la mesa nos disponemos a comer. La gran oración de la Plegaria eucarística ha puesto sobre la mesa el Cuerpo y la Sangre de Cristo, alimento de vida y salvación. Es el momento de acercarse a recibirlo. En un principio, como atestigua San Justino, de la Plegaria eucarística se pasaba a la comunión sin nada entremedias, es decir, sin ninguna preparación específica. Pronto se fueron introduciendo gestos y oraciones de preparación que dieron lugar a un ritual de comunión que con el tiempo se hizo excesivamente recargado. La reforma emprendida en el Vaticano II dio a este conjunto de ritos una estructura más sencilla y ordenada.

El Rito de comunión se desarrolla hoy en tres partes:

1. Ritos de preparación (pre-comunión): la oración dominical (padrenuestro), el rito de la paz y la fracción del pan;
2. Ritos de realización (comunión): la oración en silencio, la mostración del pan eucarístico, la comunión propiamente dicha y el canto procesional; y
3. Ritos de asimilación y reconocimiento (post-comunión): el momento de recogimiento y/o canto de acción de gracias y la oración conclusiva del que preside.

El Padrenuestro u Oración dominical

El Padrenuestro encuentra sus antecedentes inmediatos en el contexto de las tradiciones litúrgicas de la religión judía en las que estaba inmerso Jesús de Nazaret y en las que se desarrolló inicialmente el cristianismo. Lo más probable es que el texto de Mt 6, 9-13 o Lc 11, 1-4 recoja una indudable herencia de la espiritualidad judía ya que contiene semejanzas con oraciones tradicionales del judaismo. Por eso, y porque fue una oración que brotó de lo más íntimo, es razonable pensar que Jesús lo recitara y enseñara en arameo, su lengua materna. Según la Biblia Peshitta (versión cristiana de la Biblia en siríaco, un dialecto del arameo tardío, del siglo II), de la oración Abwun D´Bashmaya se derivó la versión actual del Padre nuestro.

Litúrgicamente, el Padrenuestro no es el más antiguo de los ritos preparatorios pero hay numerosos testimonios que describen su presencia en la liturgia antigua. La generalización de su uso en la liturgia data del siglo IV. En la liturgia oriental era una oración que rezaba toda la asamblea y terminaba con una doxología: «Porque tuyos son la majestad, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre por los siglos de los siglos.». Sin embargo, en occidente era una oración reservada al presidente a la que el pueblo respondía con el Amén a cada una de las invocaciones-peticiones. En el rito hispano aparece de este modo:

Padre nuestro que estás en el cielo
R. Amén.

Santificado sea tu nombre
R. Amén.

Venga a nosotros tu reino
R. Amén.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
R. Amén.

Danos hoy nuestro pan de cada día
R. Amén.

Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
R. Amén.

No nos dejes caer en la tentación
R. Amén.

Y líbranos del mal.
R. Amén.

En el rito hispano, el Padrenuestro y su monición previa poseían las siguientes características:

  • La monición al Padrenuestro estaba compuesta sobre la temática propia del tiempo litúrgico.
  • El Padrenuestro era recitado por el celebrante, y el pueblo respondía a cada una de las peticiones con el Amén.
  • El embolismo que continúa la oración se desarrollaba sobre el mismo Padrenuestro.

Hoy se ha suprimido la respuesta del Amén por parte de la asamblea pero se ha conservado íntegra la estructura ternaria de esta parte del Rito de comunión: monición-oración-embolismo. La oración dominical ya no es una oración del presidente sino de toda la asamblea.

El Padrenuestro es interpretado en cada celebración de la eucaristía de dos maneras: 1) con una interpretación invariable, donde se evidencia que el Padre intercede por los que sufren, por los cautivos, los enfermos y difuntos, además de adherirse a todos cuantos rezan dicha oración, la rezaron o la rezarán; 2) con otra interpretación que hace del Padrenuestro el fundamento de la plegaria personal, contextualizándolo en el año litúrgico.

Para la Iglesia católica, el Padrenuestro es la oración por excelencia. Recibe también el nombre de oración dominical, del latín Dominicus («Señor»), dado que Jesús de Nazaret es llamado Señor con frecuencia en los escritos cristianos y fue él quien transmitió a los apóstoles esta forma de orar. El Padrenuestro es la oración con la que el Señor enseñó a rezar a sus discípulos.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Padrenuestro es el resumen de todo el Evangelio. San Agustín de Hipona lo describió así: «Recorred todas las oraciones que hay en las Escrituras, y no creo que podáis encontrar algo que no esté incluido en la oración dominical.». Y Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologica, completa esta idea de la siguiente manera: «La oración dominical es perfectísima […] en la oración dominical no sólo se piden las cosas lícitamente deseables, sino que se suceden en ella las peticiones según el orden en que debemos desearlas, de suerte que la oración dominical no sólo regula, según esto, nuestras peticiones, sino que sirve de norma a todos nuestros afectos.».

Características musicales del Padrenuestro

La monición, la oración y el embolismo se recitan o se cantan. En el contexto de la celebración eucarística, el Padrenuestro no es una oración que requiera el canto. En otras celebraciones (Laudes, Vísperas, etc.) sí admite un tratamiento musical más desarrollado. En la eucaristía, si se canta, la melodía ha de ser muy sencilla y lineal de modo que subraye bien las peticiones y el propio texto. Los modos que propone el Misal, adaptación al castellano de los textos latinos, son muy adecuados.

Lo que nunca puede hacerse es alterar la letra de esta oración atreviéndose a cambiarla o parafrasearla. Tampoco puede introducirse nada entre la monición y la oración. Cuando el sacerdote invita a rezar el Padrenuestro, nadie tiene derecho a impedir que la asamblea lo haga ya, sin esperar a más. Lo contrario es tan ilógico, tan falto de sentido litúrgico y de sentido común, que no debiera ni siquiera estar prohibido pues se prohíbe por sí mismo. Atención con esos cantos que intercalan “a boca cerrada” la oración del Padrenuestro. No respetan este criterio litúrgico por lo que no tienen cabida en una celebración eucarística (quizá sí en otros encuentros no litúrgicos).

La recitación pausada y, sobre todo, sentida, del Padrenuestro en la eucaristía tiene su propia sonoridad litúrgica. Es, más que un canto, una plegaria, por lo que, si se canta habrá que hacerlo al unísono, casi como un recitativo, de manera que el texto resalte sobre la música.

Aclamación al Embolismo

El embolismo (oración que recoge y desarrolla una oración precedente) desarrolla la última petición del Padrenuestro y anticipa el rito de la paz ─«Líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestros días…»─ a la que el pueblo responde con la aclamación: «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.». Es una aclamación tradicional que ha sido restaurada e incorporada al rito romano como una aclamación de la asamblea con la que expresa su entusiasmo ante la perspectiva gloriosa del retorno triunfal del Señor: «…mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo…». Al ser como una doxología del Padrenuestro, subraya la analogía con la Plegaria eucarística que termina también con una doxología parecida.

Esta doxología es una forma litúrgica muy antigua que se remonta probablemente a los siglos I-II. Es una aclamación solemne y entusiasta que se debería cantar siempre, igual que el Santo, la aclamación al Memorial y el gran Amén de la doxología.

LITURGIA EUCARÍSTICA: Padrenuestro (2014, 8 de febrero)
https://musicaliturgia.wordpress.com/2014/02/08/eucaristia-y-musica-liturgica-13-liturgia-eucaristica-preparacion-a-la-comunion/

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