Cordero
Al final de la Liturgia eucarística encontramos el Rito de comunión, que consta de tres momentos: Ritos de preparación (pre-comunión), Rito de comunión propiamente dicho (comunión) y Rito de asimilación o reconocimiento (post-comunión). Los Ritos de preparación incluyen: la oración dominical (el padrenuestro), el rito de la paz y la fracción del pan. Ya hemos visto anteriormente las características musicales de la oración dominical. Veamos ahora los otros dos momentos.
Rito de la paz
El Misal romano ha recuperado uno de los ritos más antiguos que con el paso del tiempo se había ido perdiendo. En la antigüedad, lo que variaba no era su presencia sino el lugar que ocupaba dentro de la celebración: antes o después de la Plegaria eucarística. Su posición más antigua era justo al terminar la Liturgia de la Palabra y respondía a la advertencia del Señor: «Si cuando vas a poner tu ofrenda ante el altar te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano.» (Mt, 5-23-24). Más tarde, entre los siglos IV y V, la liturgia romana colocó el rito de la paz después de la Plegaria eucarística y del Padrenuestro. En cualquier caso, en uno u otro lugar, se trataba siempre del mismo Rito de paz entendido como intercambio fraterno de paz entre los participantes en la celebración. Con el tiempo, este gesto de la asamblea fue desapareciendo reduciéndose a un gesto que hacía el sacerdote con el diácono, el cual transmitía la paz únicamente a otros miembros del presbiterio pero nada más. La reforma litúrgica del Vaticano II ha recuperado el rito en el mismo sitio que ocupó desde el siglo IV.
El presidente suplica la paz para todos los asistentes e inmediatamente les transmite el saludo de paz: «La paz del Señor esté siempre con vosotros.» (un error bastante común suele ser que el que preside diga “con nosotros” en vez de “con vosotros”, pero es incorrecto, pues en este momento transmite la paz que ha recibido en nombre de Cristo y, por tanto, no hace una petición colectiva sino una transmisión de lo que previamente ha pedido en nombre de toda la asamblea).
Si se ha cantado la Plegaria eucarística es conveniente cantar también en este momento, especialmente en las misas solemnes. Ahora bien, ya que de suyo es un momento que genera cierto bullicio es preferible no cantar y reservar el canto para el Cordero de Dios de la fracción del pan que sigue a este rito, dada además su proximidad. Los llamados “cantos de paz” generalmente están compuestos pensando en otros momentos de la celebración de la vida cristiana y, por tanto, con otra finalidad distinta a la del Rito de la paz de la celebración eucarística. El problema no son los cantos sino su utilización en los momentos adecuados. Saber elegir los cantos es responsabilidad del animador del canto litúrgico.
Fracción del pan. Cordero de Dios
También de este gesto puede decirse que ha sido recuperado para la liturgia actual. Partir el pan para darlo es lo que hizo Jesús en la Cena. Es lo que hicieron también los primeros cristianos que incluso se sirvieron de este gesto para designar el conjunto de la celebración eucarística: “fracción del pan” (He 2,42.46). Cumplida la orden del Señor en sus dos primeras partes ─tomar el pan y el cáliz y decir la bendición─ queda aún por cumplir en sus otras dos: partir el pan y darlo. Con la fracción se realiza la primera de estas acciones, partir el pan, a la que seguirá, muy pronto, la otra, darlo en comunión.
En el siglo VII, el papa Sergio quiso que el rito de la fracción del pan fuera acompañado con algún canto por parte del pueblo y estableció el canto del Agnus Dei. Este canto está inspirado en las palabras del Bautista al saludar al Redentor con acentos de gloria y alabanza tomados del Apocalipsis. Al principio fue un canto litánico, una invocación que se repetía mientras durase el rito al que acompañaba. En el silgo XI se limitó a tres el número de invocaciones. Las continuas alteraciones de la paz que sufrió en el siglo XI motivaron que el tercer “miserere nobis” (ten piedad de nosotros) se cambiara por el “dona nobis pacem” (danos la paz). En las misas de difuntos se sustituyó los tres “miserere nobis” por “dona eis réquiem” (dales el descanso) añadiendo la tercera vez “sempiternam” (dales el descanso eterno). Hoy se ha simplificado y unificado.
El canto del Cordero de Dios es un canto para acompañar el gesto de la fracción del pan. Lo cantaba la asamblea de forma litánica con una melodía muy sencilla. Cuando en el siglo X se empezaron a usar las partículas en vez del pan, el canto perdió el sentido de acompañar la fracción del pan y se adaptó para acompañar el rito de la paz y la comunión. Se convirtió en un canto de homenaje al Sacramento, un canto de adoración al Santísimo. Prácticamente llegó a ser un canto de comunión, lo que podemos comprobar en algunas misas polifónicas. La antífona de comunión quedaba como un segundo canto de comunión al que musicalmente se prestaba menos atención. Hoy se quiere volver a recuperar su sentido litánico de acompañar la fracción del pan. El rito recobraría sentido si utilizáramos formas grandes que pudiéramos partir. Lo mejor sería disponer de suficientes hostias grandes para que todos pudieran comulgar del “pan partido” aunque, evidentemente, si el número de comulgantes fuera muy grande habría que recurrir a formas pequeñas para no hacer excesivamente largo el tiempo de la fracción. El canto se puede repetir cuantas veces sea necesario, con sus tropos, mientras dura la fracción del pan; la última vez se concluirá siempre con las palabras: “danos la paz”. (cf OGMR 56e).
Algunas sugerencias para el canto
La Ordenación General del Misal Romano dice que no es necesario cantar el Cordero de Dios durante el gesto de la paz por lo que conviene esperar a que termine el gesto de la paz y comience la fracción del pan.
No es correcto sustituir el canto del Cordero de Dios por los llamados “cantos de paz” (desarrollando este gesto con grandes aspavientos y convirtiendo este momento en un alborozo injustificado) en detrimento del sentido y realce de la fracción del pan, no dándole la atención debida al momento en el que se parte el pan que luego vamos a repartir entre nosotros. Si consideramos conveniente cantar en el Rito de la paz también se debería cantar el Cordero de Dios, no sustituirlo. Momentos apropiados para cantar en el Rito de la paz pueden ser: la Jornada mundial de Oración por la Paz (1 de enero), el Jueves Santo, el día de Pascua de resurrección y en alguna eucaristía en la que se quiera destacar el elemento de la paz.
El canto del Cordero de Dios forma parte de los cantos del Ordinario por lo que el texto no se puede alterar.
LITURGIA EUCARÍSTICA: PREPARACIÓN A LA COMUNIÓN (2014,15 de febrero)
https://musicaliturgia.wordpress.com/2014/02/15/eucaristia-y-musica-liturgica-14-liturgia-eucaristica-preparacion-a-la-comunion/
